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Entre feromonas – Abogado de divorcios, herencias, deudas y penal

Entre feromonas

Pareja

Pues sí, resulta que por lo visto existen unas cosillas que se llaman feromonas, que podrían dar explicación a muchas situaciones incomprensibles.

¿Pero qué son las feromonas? Al parecer son sustancias que emiten los seres vivos, aunque yo las entiendo mejor como “bichillos” con vida propia y que pueden dar lugar a situaciones muchas veces indeseadas y por supuesto embarazosas.

Como digo, esos “bichillos” los emiten los seres vivos, y por tanto los mamíferos, y dentro de estos los humanos. Los “bichillos” que echamos al aire los humanos son los que me preocupan. Sí, porque las feromonas sirven para provocar determinadas reacciones en otros, especialmente en lo que respecta a hombres y mujeres en el campo del deseo.

"Bichillo"

“Bichillo”. Imagen de Gary Alpert bajo licencia Attribution 2.5 Generic (CC BY 2.5)

Es decir un hombre cualquiera, va echando sin ton ni son “bichillos” de esos al aire, y a la fuerza, antes o después se toparán con otros “bichillos” que estén en el ambiente emanados de una mujer. Si los “bichillos” no se ponen de acuerdo, pues nada. Pero ¿y si los “bichillos” se ponen de acuerdo?…¡Ay si los “bichillos” se ponen de acuerdo!…sin cortejo y sin preludio alguno ¡AL APAREAMIENTO DE CABEZA!

Así dicho puede que no esté tan mal, o incluso puede sonar bien y hasta muy bien.

Pero pueden ocurrir muchas cosas.

Pongamos que vamos con nuestras feromonas a cuestas al mercado, y que por h o por b, tienen un día tonto y les da por llegar a un  acuerdo con las de, por ejemplo, la cajera. Ya me imagino, y me entran sudores, privado de libertad ante la voluntad de mis feromonas, saltándome el turno como un poseso -turno que como es natural tendrá una amplísima afluencia, porque en la fila en la que yo me pongo, y no me pregunten cómo lo hago pues ni yo mismo lo se, siempre está atestada bien sea porque se ha acabado el rollo de la impresora, o algún artículo tiene mal marcado el precio, o cualquier otra cosa por el estilo- mientras que al otro lado la cajera intenta deshacerse de su ropa y ponerse en situación pronta para la cópula impuesta, ante la atónita mirada de la concurrencia.

También podríamos decir, siempre que confiáramos en el buen gusto, ya que no en la vergüenza de nuestros “bichillos”, que hay cosas peores.

Pez borrón

Pez borrón. Créditos de la imagen: Smithsonian.com

Pero ¿y si nuestros “bichillos” no tienen precisamente buen gusto? ¿y si se conforman con cualquier feromona que les salga al paso? O ¿y sin son gamberretes y bromistas? Rece porque sus “bichillos” no sean así, pues si no podrá verse envuelto en situaciones para olvidar, refocilándose a la fuerza con alguien de físico repulsivo, con alguna ocupante de un atobús de los viajes del Inserso, o con personas de orientación distinta a la suya. Y puesto que estas coincidencias pueden ser frecuentes, será prudente estar preparado para todo, y si es su feromona la que se adentra en el autobús del Inserso, correr enloquecido tras su “bichillo” gritando ¡Ahí no! ¡Ahí no! O si por el contrario es la feromona procedente del autobús la que busca a la suya, hacer grandes aspavientos diciendo ¡Quita bicho! ¡Quita bicho!

Y además qué puede ocurrir si paseando con su Sra. (y es urgente desvelar el misterio y razón por la que las feromonas de los matrimonios se repelen) se le cruza una estupenda feromona.

Ya advertí al empezar de lo peligroso de estos “bichillos”. Pero adentrándonos aún más en la naturaleza de los mismos, cabe preguntarse si se ven afectados por las sustancias, como el alcohol, que consuma su portador. Yo creo que sí. Es la única explicación que encuentro a que en una salida nocturna tendente al “festival”, al principio los “bichillos” tengan espera y sean selectivos, y que sin embargo conforme van pasando las horas y con ellas las copas consumidas por sus emisores, vayan bajando el nivel de exigencia, hasta que al llegar al momento cumbre, ese en el que se apagan y encienden las luces del local de marras en aviso de cierre, les parezca hasta bien el adefesio aquel, que ya estaba cuando llegamos, y al que no queríamos ni mirar.

Las feromonas dan para muchísimo. ¿Se podrán entrenar y educar? Sería un gran logro. De todas formas espero que algo puedan educarse, y de hecho supongo que alguna educación han recibido, porque mira que los diputados dan espectáculo y de qué hablar, pero nunca he visto en mitad de una sesión en el hemiciclo, saltar los bancos y escaños a un prohombre del pepé para abalanzarse sobre una mujer del pesoe.

Sin embargo, lo que es seguro, es que de una u otra manera, los “bichillos” deben de poder ser mantenidos a raya porque de otra manera no se explica, que cuando se está obligado a vivir, a trabajar y a permanecer “entre feromonas” no se produzcan verdaderas catástrofes. Bueno, alguna sí que se produce de vez en cuando, pero no tantas como cabría esperar.

Esto de las feromonas es tan simpático como comprometido. Pero aún corriendo el riesgo, si no se quiere aburrir, búsquese una feromona.


Esta entrada fue publicada originalmente en el blog “Las verdades de Don Mendo” el 29 de enero de 2013.

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