Cosas de la edad: ¿Qué hacemos ahora los que juramos?

¿QUÉ HACEMOS AHORA LOS QUE JURAMOS?

Me refiero a los que juramos bandera.

En mi caso fueron, aparte de otras complementarias, dos veces las que juré bandera y en dos momentos, que aunque próximos en el tiempo, eran realmente distintos, al punto de que el escudo de las banderas lo fue en la primera ocasión el Águila de San Juan, mientras que en la segunda lo era el constitucional.

Con independencia del escudo, no sólo la bandera era la misma, sino que el significado del juramento, no la fórmula, era también, y en definitiva, el mismo.

No explicaré el porqué de que fueran dos los juramentos, pero sí tengo que manifestar con rotundidad, que mi juramento, en una y otra ocasión, fue real, libre, voluntario, y comprendiendo lo que juraba, sin que por tanto por mi parte se pueda decir que había error o vicio en el consentimiento que expresaba.

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No sé, si esas personas a las que me refiero, y que parecen pasar por encima de la Constitución, habrán jurado o no bandera, pero desde luego merecen el desprecio y castigo, de España, por ser indignos hijos de ella.

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Parece obligado traer a escena la fórmula empleada en los dos momentos, contenidos a los que no sólo asentí, sino que también juré, o mejor dicho juré y prometí, como se verá a continuación.

El primero de los juramentos, de antes de la existencia de la Constitución fue: Soldados: ¿Juráis por Dios y prometéis a España, besando con unción su Bandera, respetar y obedecer siempre a vuestros Jefes, no abandonarles nunca y derramar, si es preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria, y del orden dentro de ella, hasta la última gota de vuestra sangre?”.

Mientras que el segundo, con escasa variación formal, y en mi opinión inexistente cambio de sentido o esencia, rezaba: “¡Soldados! ¿Juráis por Dios o por vuestro honor y prometéis a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar al Rey y a vuestros Jefes, no abandonarles nunca y derramar, si es preciso, en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su unidad e integridad territorial y del ordenamiento constitucional, hasta la última gota de vuestra sangre?”

Tras el juramento, el Jefe que tomaba el juramento añadía básicamente: “Si así lo hacéis, la Patria os lo agradecerá y premiará y, si no, mereceréis su desprecio y castigo, como indignos hijos de ella.”

Por si no lo advierte el hipotético lector, la segunda de las fórmulas, cambiaba Honor de la Patria por Soberanía, pero sobre todo añadía, lo que no deja de ser curioso dado que fórmula empleada en época constitucional, la defensa de la unidad e integridad territorial.

Pues precisamente esto es lo que me preocupa, lo que juramos. Y ya en concreto, hablando de mí, que como he mencionado juré y prometí, ¿cómo puedo hacer honor a mi palabra? ¿cómo puedo defender esa unidad e integridad?

Si las preguntas tienen miga, que la tienen, no digamos la respuesta o posibles respuestas, puesto que planea de cerca, y a baja altura, el peligro de desintegración territorial de la Patria, de España.

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Claro que siempre podré pedirle a la niña marinera del cambio climático que me admita como grumete en su próxima travesía medioambiental

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Lógicamente busco fórmulas pacíficas, puesto que el juramento comprendía también la defensa del Orden Constitucional, por más que los que están poniendo en peligro esa Unidad e Integración, lo hacen desde posturas que, o directamente atacan la Constitución, o cuando menos la retuercen dejándola exangüe, inerme y desprovista de contenido real.

No sé, si esas personas a las que me refiero, y que parecen pasar por encima de la Constitución, habrán jurado o no bandera, pero desde luego merecen el desprecio y castigo, de España, por ser indignos hijos de ella.

Si de fórmulas pacíficas hablamos, tendría a mi alcance encadenarme o manifestarme, pero está claro que la repercusión gira en torno al número de personas que también lo hagan, y sobre todo a la resonancia que estén dispuestos a otorgarle a esos actos los medios de comunicación, lo que permite vislumbrar que será poca o ninguna.

Claro que siempre podré pedirle a la niña marinera del cambio climático que me admita como grumete en su próxima travesía medioambiental, y así mientras ella realiza sus fines, cualesquiera que éstos sean, podré pregonar la Integridad y Unidad de España.

Total, si me admitiera, lo único que tengo que perder, contando con que no me ahogue, es que algún actor me llame estúpido.

Por si no me aceptara como grumete, intentando cumplir con mi juramento, desde ahora alzo la voz, e invito a alzarla.

Almería, Diciembre 2019.

José Carlos Castells Ortells.

Nota.- Por cierto, si alguien está interesado en la historia de los juramentos de bandera, puede obtener información en General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez https://generaldavila.com/tag/la-formula-del-juramento-ante-la-bandera/

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